En 1899 en Puerto Cook existió, durante tres años, una cárcel llamada San Juan de Salvamento donde eran enviados los criminales más peligrosos del país, donde el trabajo era obligatorio para subsistir.
Un lugar rodeado de un mar helado donde nadie podía escapar. Donde asesinos, violadores, terroristas se encontraban bien lejos de la gente honesta.
No seria una mala idea plantear un nuevo sistema punitivo en donde el trabajo y la educación sea obligatoria para los condenados por delitos graves como asesinato, violación, femicidio y cualquier delito contra menores de edad.

Esta debería ser una cárcel a donde todas las provincias puedan remitir criminales peligrosos porque ningún ciudadano de la Argentina merece tener a estos monstros al lado ni tampoco otros presos en penales comunes.

Muchas personas que me escriben a diario cuando comentamos juntos cuestiones de seguridad aluden que la pena de muerte es la solución para terminar con el delito.
Si bien técnicamente es posible renunciando a algunos tratados internacionales, pero que no estoy de acuerdo ya que un solo “error” del sistema judicial condenando a muerte a un inocente llevaría al fracaso absoluto ese instituto. Aunque en los casos de violación seguida de muerte de niños es muy difícil plantarse esa solución.
No obstante, nada repara el asesinato de ningún ser querido.

Quiero delincuentes fuera de las calles, los quiero bien encerrados hasta que cumplan la totalidad de su condena y logren resocializarse para que ningún habitante sufra el riesgo de reincidencia del criminal.

Por Diego Migliorisi
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